Honores
a quién en vida fue e hizo por el País
Tomado de la revista interactiva semanaeconomica.com, edición febrero 13 del 2014, artículo de: Claudia Valdiviezo
La relevancia de
Alberto Benavides de la Quintana dentro en la minería peruana es innegable.
Geólogo de profesión, trabajó en minas desde que tenía 18 años de edad y vivía
fascinado por el proceso de formación de los minerales en el Perú. Sabía que para hacer minería había que tener
un poco de suerte, pero también era consciente de que resultaba indispensable
el olfato. Y él lo tenía.
Tomado de la revista interactiva semanaeconomica.com, edición febrero 13 del 2014, artículo de: Claudia Valdiviezo
SEMBLANZA.
El empresario –que falleció esta tarde– apostó todo lo que
tenía en fundar la minera que hoy es un imperio: Buenaventura. Confiaba en su
instinto y en lo que el mineral "le decía". La integración del país
fue su más grande sueño.
(Archivo histórico de Semana Económica) Foto: http://bit.ly/1eXo28o
Alguna vez contó que
cuando le preguntaba a su hijo Raúl si aún había mineral en una veta y éste le
respondía que no, él lo conminaba a que converse con la veta “para ver qué le
decía el mineral”.
“Cuando acabé el
colegio, mi padre tenía dudas de mi vocación.
Él decía: ‘Este Alberto ha vivido toda su vida en Lima. Además es
gordito. ¡Qué va a aguantar en una mina! Pero como yo insistía en ser ingeniero
de minas prácticamente me retó y me llevó a una mina en Carabaya a 5,000 metros
de altura. Allí aprendí mucho”, contó en una entrevista con El Comercio. Pese a
sus esfuerzos, su padre no logró disuadirlo. Por el contrario, salió más
convencido de la mina.
Alberto Benavides
siguió su agudo olfato por lo alto y bajo de la sierra peruana, siempre
impulsado –como él mismo decía– por el interés de descubrir el verdadero
potencial de la cordillera nacional. Gracias a ese olfato, en 1953 dejó su
trabajo en la Cerro de Pasco Corporation e invirtió todos sus ahorros en la
adquisición de la mina Julcani, en Huancavelica. Así nació Buenaventura, la
empresa peruana que marcó un cambio en la minería del país a través de su
apuesta por la tecnología, la innovación y la ciencia.
Hoy aquella apuesta
es una de las principales productoras de oro y plata del país –con siete
unidades productivas en el territorio nacional— y cuenta con una serie de
empresas subsidiarias y afiliadas, que incluyen 43.65% de participación en la
minera Yanacocha, en Cajamarca. La razón detrás de tanto éxito es la que Don
Alberto la llevaba en la sangre: su amor por el suelo peruano.
UN TRABAJO POR LA
INTEGRACIÓN
Un gran interés de
Benavides de la Quintana, aunque quizás no tan conocido, fue su afán por
utilizar la minería como una herramienta de integración entre la costa y la
sierra del país. El empresario sostenía que, a través de ella, se podía atender
mejor a una población que a lo largo de la historia había estado abandonada.
Esa –consideraba– era la gran contribución de la minería al país.
“Aquí no solo cuenta
la utilidad de la empresa. Debe ganar todo el país. La gente de la comunidad,
lo maestros, los médicos, todos debemos sentir que contribuimos y que nuestra
contribución es recompensada“, decía. También vivió preocupado por el cuidado
del medio ambiente. En cada operación –contaba– construía una piscigranja para
truchas, un animal muy delicado. Si estas se enfermaban, significaba que el
agua estaba siendo contaminada y que había que remediar la situación.
Alberto Benavides no
sólo deja atrás una de las empresas más exitosas del Perú, sino también una
compañía que es el referente a mirar en el sector. Su amor por la tierra y su
olfato hacen de él una leyenda de la minería peruana.
